Mesace-PSIQUIATRÍA EQUINA-El caso de Ágata

Sí, si ha leído bien, en este artículo vamos a tratar el
tema de la psiquiatría equina, aunque antes vamos a
poner en contexto el significado de “psiquiatría”, que es
una palabra que viene del griego, psiqué que significa
alma, e iatreia que significa curación.
En humanos, se habla de psiquiatría cuando se trata la
enfermedad mental, con el objetivo de prevenir, evaluar,
diagnosticar y rehabilitar al individuo con trastornos
mentales. En equinos, hemos trascendido a la psicología,
al hablar de la doma natural, sin violencia, india, siux, en
libertad; y aún se les sigue llamando a los
comportamientos no deseados “vicios”.

Lo primero que hay que tener en cuenta, es que cuando
el humano transformó el hábitat natural y modificó el
entorno en el cual se desarrollaban los ejemplares, se
produjeron muchos cambios conductuales, por
supuesto, no todo cambio es malo, lo malo es cuando
esos cambios o manejos alteran la psiquis del caballo,
ahí se presentan los inconvenientes.
Una buena pregunta sería, ¿de dónde surge la idea de
llamar psiquiatría equina a la práctica que se
desarrolló?, pues bien, hace poco, se tuvo el gran
privilegio de tratar a una maravillosa yegua, cuyo
nombre es Ágata, perteneciente a la modalidad de paso

fino colombiano, 7 años, color zaino; su dueño, Luis
Fernando Duque Arango*, me contacta porque el
ejemplar presentaba varios problemas conductuales. En
la evaluación de visita inicial, se determina, que, para
tener buenos resultados, se debe trabajar por el término
de un mes y que, a partir de ahí, ya se podría retornar a
Ágata a su condición normal, en donde la pudiese
disfrutar de la mejor manera.
Ágata es llevada a una casa de campo, un lugar
adaptado para la rehabilitación en este tipo de casos; ¡y
vaya sorpresa tan grande!, al llegar, lo primero que
expresó y que no diagnostiqué previamente, fue el
síndrome del ejemplar paseador (una estereotipia bien
compleja), no se evidenció este síntoma, pues se
observó en la pesebrera y en donde estaba la yegua, y a
las camas que son con base de caucho no se les vio
desgaste por este síndrome, sin embargo no se estuvo a
la hora de la comida que es donde más se manifiesta.
Ágata llegó a este espacio natural para ser tratada y
antes de pretender rehabilitarla para que se comportara
bien, ella se paraba en las patas, se giraba
intempestivamente con el jinete encima, no sabía de
rienda, no obedecía comandos, se plantaba, reculaba, y
al querer montarla no se quedaba quieta; lo primero que
se tenía que abordar era el síndrome, pues si no se
ganaba primero la mente del ejemplar, nunca iba a tener
el control de su cuerpo; y tengo que confesar que fueron
los días más difíciles que he tenido que atravesar con un
equino en tratamiento; en la pesebrera abrió surcos, en
el campo en el que la soltaba a diario abrió caminos, no
había un instante en el que se quedara quieta; el estrés
en el que estaba, aunque el heno se lo tenía en malla,
sacaba puñados del mismo, los tiraba al suelo y luego en
la caminata intensa los mezclaba con la tierra que ella
escarbaba, con su propio estiércol y con orines; a diario se le
realizaban condicionamientos, contracondicionamientos,
refuerzos positivos, y negativos, los cuales los primeros
días no funcionaron; sólo se logró tener el campo más
desgastado y el piso de la pesebrera, que es en tierra,
más arado.
En ese momento dije, pues bien, algo debe estar fallando
y no lo estoy entendiendo, no es culpa de la yegua, yo soy
quien, como especialista, no he ido al fondo de lo que ella
siente y lo que necesita, así que me puse a estudiar y
encontré toda la información que necesitaba en los textos
de psiquiatría humana, por eso el título de este artículo.
Ahora bien, como Zootecnista, desde que inicié mi
práctica profesional, jamás he recetado ni formulado
medicina alopática y sé que, para tratar desórdenes
mentales en equinos, casi no hay medicación en el
mercado y no se tienen referencias, por lo cual me dije,
muy bien, ¿qué recursos tienes a la mano? y la respuesta

fue: aceites esenciales, acupuntura, quiropráctica y

magnetoterapia, así que, progresivamente fui
implementando todo lo anterior en esta yegua.
Luego de tener a Ágata por 15 días y no obtener
resultados satisfactorios, empecé primero con
magnetoterapia, puse varios pares biomagnéticos de
acuerdo al test y otros solo por instinto, seguí con
quiropráctica y finalicé con acupuntura, y en las noches,
le aplicaba aceites esenciales para relajación.
Mi mayor sorpresa, fue que luego de seis días continuos,
ella dejó atrás la estereotipia totalmente, ya no volvió a
presentar ningún síntoma y como los resultados, fueron
tan maravillosos, de común acuerdo con su dueño, la
dejamos en la casa de campo por un mes y medio más; a
la par que se le trabajaba con las terapias antes
mencionadas, se le iba haciendo avanzar en su
rehabilitación conductual, y en pocos días, respondió
más que positivamente a todas las sesiones.
Hoy en día Ágata, es una yegua perfectamente normal, ya
vive calmada en la pesebrera, en el potrero, es tranquila y
relajada, su montador, cada vez que llega de trabajarla, no
hace más que destacar las virtudes de la yegua; de todo lo
que presentaba Ágata al llegar a mi casa, hoy en día no
tiene ningún síntoma ni problema conductual; es
obediente, amorosa, no se estresa; su personalidad no ha
cambiado, es firme, y si no le gusta algo inmediatamente
te lo hace saber, pero nada que no se pueda sortear con
mucho amor y entendimiento, además coincidió toda su
rehabilitación conductual y mental con la época
decembrina, y ahora sí, para mi total asombro, no se alteró
con la pólvora, en la actualidad ni le presta atención.
¿Y porqué si se habla de psiquiatría equina, se
menciona solo a Ágata?, para mi gusto, en esta yegua
se resumen muchos de los casos que he visto y he
tratado a lo largo de mi desempeño profesional y
aunque estos, llegaban a feliz término, en especial en
cuanto a los ejemplares que presentaban estereotipias,
algunos no tenían un mantenimiento del
comportamiento, bien sea porque no había continuidad
en cuanto a las instrucciones que recomendaba o no
había paciencia para entenderlos o se seguían forzando
a realizar acciones o tareas que no les beneficiaban y
por tanto, se reversaban o quedaban en el limbo.
Con Ágata, no solo me adentré a un universo
desconocido y que debo por supuesto seguir
profundizando con más estudio, sino que pude aplicar
técnicas y procedimientos no invasivos, que dieron la
solución, una parte a la mental y la otra a la
conductual. Cabe aclarar, que, en el caso de Ágata, el
inicio y desarrollo de sus comportamientos no
deseados fueron lejos de la casa de su dueño, quien,
por buscar un mayor bienestar para su ejemplar, y por
razones de viajes y tiempos, la entregó en su momento
a otras personas para que la trabajaran, luego de
algunos años, la regresa a su lugar y ya la encontró
así, razón por la que me contactó.
En Ágata se resume, que sí hay una última oportunidad,
que sí se puede sacar adelante a un ejemplar con
problemas conductuales por más difíciles que estos
sean; desde que haya voluntad, entendimiento y por
supuesto conocimiento y estudios, todo es viable; Ágata
nos lo demuestra hoy en día, al ser la maravillosa yegua
que siempre debió ser.
*Luis Fernando Duque Arango. Propietario de Ágata,
quien viene de familia de criadores de caballos con
más de 100 años de tradición, Expresidente de
Asdesilla, Expresidente de Fedequinas y
Expresidente Fundador de Confepaso.
Por: Dora Luz Hernández Maz

PSIQUIATRÍA EQUINA
Por: Sandra Liliana Morales Ospina
Zootecnista ULS, Quiropráctica AIQA, Acupunturista, IMAVAT, Psicoterapia asistida con
caballos EAGALA, Especializada en Etología equina, Especializada en biomagnetismo.

https://www.revistacaballistas.com/

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